jueves, mayo 28, 2009

LLEGA EL VERANO, LLEGA

Foto: Rui Palha

Llega el verano, llega,
con el frescor de la hierba húmeda
al atardecer,
con esos calurosos días
que sofocaré a la orilla del mar,
pensando ese otro proyecto mío
inacabado,
edificando castillos en mi mente
que con tanta dificultad se sostienen
al posarse sobre la arena.

Llega el verano, llega,
llevándose aquel día de este invierno
en el que despedimos a alguien
que había quedado sepultado en mi adolescencia,
que su ausencia no desquebrajó la vida de nadie
porque todas ya estaban construidas sin él,
que me obligó regresar a ese lugar de reencuentros
en el que me hicieron sentir tan gratamente especial…

Llega el verano, llega,
dejando atrapados en el invierno
la mágica seducción en la que me envolviste,
esa sonrisa de tus labios unidos a los míos,
esos ojos chispeantes de alegría al encontrarme,
ese aliento susurrante junto a mi piel,
esa calidez de tus brazos rodeándome,
ese olor y ese sabor a besos robados
que me impregnó
con aromas enamorados
de novios que se pasean de la mano.

Llega el verano, llega,
extinguiendo esas dos llamas tan distintas
que sin pretenderlo
se encendieron en otoño
y se avivaron con tórrida pasión
este invierno.

Llega el verano, llega,
empapándome de risas infantiles,
de ojos limpios y claros
que hacen brillar los míos,
de momentos que deseas atrapar
en un presente que siempre se nos va.

Llega el verano, llega,
y sin saber porqué
retrocedo por unos instantes
en el túnel del tiempo
para recordar con cierta nostálgica
a aquella chiquilla
que apuraba las vacaciones estivales al sol,
disfrutando de su pequeño y sencillo mundo
en el que todos los días eran fiesta,
tomando granizados y riendo en la verbena,
zambulléndose en las piscinas
hasta el comienzo del colegio,
con ese potencial que nunca ves
hasta que te lo muestran los demás.
Aquella chiquilla de melena al viento
que ya no está en ningún lugar.

Llega el verano, llega,
y me traerá cosas nuevas
que me harán avanzar
paso a paso por esa senda
que yo misma me voy marcando
al caminar.

4 Instantes:

Anonymous Trini **Instantes...

Estás segura de que esa chuiquilla ya no existe? Tengo mis dudad "Donde hubo, siempre queda"

Sí, llega el verano, aunque ahora mirando por mi ventana, nadie lo diría. LLueve y el olor a tierra mojada es muy profundo y me encanta.

Besos muchos Ana y, da la mano al verano. Hazlo eterno.

7:15 p. m.  
Blogger Darkhorse1974 **Instantes...

Hola guapetona, que placer leerte de nuevo.

Yo particularmente aguardo a que llegue mi otoño.

Un abrazo

8:22 p. m.  
Blogger El Hippie Viejo **Instantes...

Coincido con Trini
esa chiquilla está en vos
nunca se irá!

Querida Ana!

Como siempre es un gusto leerte!

Tus palabras,
por momentos tan cálidas
y por otros
envueltas en recuerdos que lastiman
no hacen más que demostrar-te
que estás viva!

Sos la guionista de tu película
espero puedas escribir el mejor guión para ella.

Amiga!

Te dejo algo para leer y
el cariño de siempre!

besos

Adal



El mate no es una bebida. Bueno, sí. Es un líquido y entra por la boca. Pero no es una bebida. En este país-Argentina- nadie toma mate porque tenga sed.

Es más bien una costumbre, como rascarse.

El mate es exactamente lo contrario que la televisión: te hace conversar si estás con alguien, y te hace pensar cuando estás solo.

Cuando llega alguien a tu casa la primera frase es 'hola' y la segunda: '¿unos mates?'

Esto pasa en todas las casas. En la de los ricos y en la de los pobres.

Pasa entre mujeres charlatanas y chismosas, y pasa entre hombres serios o inmaduros.
Pasa entre los viejos de un geriátrico y entre los adolescentes mientras estudian o se drogan.

Es lo único que comparten los padres y los hijos sin discutir ni echarse en cara.

Peronistas y radicales ceban mate sin preguntar. En verano y en invierno.
Es lo único en lo que nos parecemos las víctimas y los verdugos; los buenos y los malos.

Cuando tenés un hijo, le empezás a dar mate cuando te pide. Se lo das tibiecito, con mucha azúcar, y se sienten grandes. Sentís un orgullo enorme cuando un esquenuncito de tu sangre empieza a chupar mate. Se te sale el corazón del cuerpo.

Después ellos, con los años, elegirán si tomarlo amargo, dulce, muy caliente, tereré, con cáscara de naranja, con yuyos, con un chorrito de limón.

Cuando conocés a alguien por primera vez, te tomás unos mates. La gente pregunta, cuando no hay confianza: '¿Dulce o amargo?'. El otro responde: 'Como tomes vos'.

Los teclados de Argentina tienen las letras llenas de yerba. La yerba es lo único que hay siempre, en todas las casas. Siempre. Con inflación, con hambre, con militares, con democracia, con cualquiera de nuestras pestes y maldiciones eternas. Y si un día no hay yerba, un vecino tiene y te da.

La yerba no se le niega a nadie.

Éste es el único país del mundo en donde la decisión de dejar de ser un chico y empezar a ser un hombre ocurre un día en particular.

Nada de pantalones largos, circuncisión, universidad o vivir lejos de los padres.
Acá empezamos a ser grandes el día que tenemos la necesidad de tomar por primera vez unos mates, solos. No es casualidad. No es porque sí.

El día que un chico pone la pava al fuego y toma su primer mate sin que haya nadie en casa, en ese minuto, es que ha descubierto que tiene alma.

El sencillo mate es nada más y nada menos que una demostración de valores...

Es la solidaridad de bancar esos mates lavados porque la charla es buena. Es querible la compañia.

Es el respeto por los tiempos para hablar y escuchar, vos hablás mientras el otro toma y es la sinceridad para decir: ¡Basta, cambiá la yerba!'.

Es el compañerismo hecho momento.
Es la sensibilidad al agua hirviendo.

Es el cariño para preguntar, estúpidamente, '¿está caliente, no?'
Es la modestia de quien ceba el mejor mate.
Es la generosidad de dar hasta el final.
Es la hospitalidad de la invitación.
Es la justicia de uno por uno.
Es la obligación de decir 'gracias', al menos una vez al día.

Es la actitud ética, franca y leal de encontrarse sin mayores pretensiones que compartir.

¿TE SENTISTE INCLUÍDO?....

Compartilo entonces con quienes alguna vez tomaste un mate.

Te cebo un mate Ana?

besos

Adal

4:06 a. m.  
Blogger Topacio **Instantes...

Gracias a los tres por tal amables palabras. Me encanta que a pesar de mi abandono del blog me visitéis de vez en cuando. Yo también visito los vuestro, aunque en silencio.

Adal: nunca he tomado mate, pero contigo lo saborearía cualquier día. A ser posible dulce mejor que amargo. Gracias por dejarme este texto tal revelador de parte de la tradición de tu país. Me ha gustado mucho.

Besos a los tres con gran cariño.

6:44 p. m.  

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